Muchas personas cuando les digo que la vida es muy dura y complicada, me dicen: ¡Y que sabrás tú de complicaciones con lo joven que eres! Pues sí, lo sé, como muchísimas otras personas. Esa es una de las cosas que más me cabrea de las personas de mediana edad. Que al ver que eres alguien joven, no tienes experiencia porque no te ha dado tiempo a vivir casi nada. Pero eso es un error, cada día los jóvenes aprenden antes por los palos que da la vida. Yo en mi caso, perdí en Junio del 2006 a un hermano enfermo de cáncer, y ocho meses más tarde a una hermana por un accidente de moto. Cuando sufrí estas dos perdidas, la vida me rompió todos mis esquemas, los planes que tenía con mis hermanos, y todo lo que me rodeaba se hundió. Creí que no saldría de esa situación en la que perfectamente podría haber perdido el norte.
Pero leí libros sobre las energías, empecé a practicar yoga (y lo sigo haciendo), me introduje en el mundo budista y en sus doctrinas espirituales, y eso fue lo que me ayudó a salir a flote. Y una vez que estás de nuevo arriba, te das cuenta de todas las cosas que antes tenían importancia en mi vida, ya no la tenían, todo se me reveló con una claridad tan sencilla que piensas que como puede ser que antes no lo vieras. Pero así es la vida, aprendes con los palos, no con las risas. Y entonces es cuando al revelarse ante mí la verdad sobre la fragilidad del ser humano, empecé a pensar y actuar de otra manera. Ahora soy mucho menos irascible, sonrío mucho más, ya que me dí cuenta que cuanto más malhumorado o serio estaba, todo me costaba más trabajo: me costaba más ir a trabajar y estudiar, me costaba ser amable, etc....Y mi sistema inmunitario también se debilitaba, me sentía enfermo por dentro, porque me faltaban mis dos hermanos, los echaba de menos y luchaba con rabia e ira contra esa situación que no tenía remedio. Hasta que me dí cuenta que por mucho que llorara, me enfadara o maldigera a la vida, ellos no volverían. Se habían ido, y eso era irreparable, solo la persona que pierde a alguien que ama sabe de lo que hablo, es una sensación de vacío, te desgarra por dentro te sientes hueco y las cosas carecen de razón de ser. Pero volví a pensar que estaba vivo y que tenía que disfrutar y vivir cosa que mis hermanos ya no podían hacer. Entonces me fijé en como me hacia sentir mirar un atardecer, las montañas, reír, bailar, cantar, abrazar a mis padres a los hermanos que aún tengo, estar con mis amigos, viajar, y muchas otras cosas. Me dí cuenta que debía sentirme agradecido porque estaba vivo y tenía salud y podía caminar, ver, oír, hablar, tener sueños e ilusiones y eso me dio fuerzas (y me las sigue dando hoy día). Pienso que aún con lo que me ha pasado soy afortunado por varios motivos: uno ,haber tenido unos hermanos de los que me siento profundamente orgulloso y a los que nunca olvidaré, dos, tener a mi lado a personas que me quieren de verdad y a las que yo quiero con todo el alma, tres, poder disfrutar de la vida, porque aunque es cruel como ella sola, es muy bonita al mismo tiempo y hay muchas cosas de las que disfrutar mientras uno está vivo, y un largo etcétera que no cabría en todo este blog.
Así pues me di cuenta que siendo optimista y riéndome de la vida podría disfrutar en vez de regocijarme en mis penas.
Y aunque echaré de menos a mis hermanos durante toda la vida, los llevo siempre en mi corazón y vaya donde vaya siempre estarán conmigo, dándome ánimo y aliento para seguir adelante. Y gracias a ellos, día a día, pongo todas mis ganas de vivir con mucho optimismo, para ser en todo lo posible un chico feliz sin morir en el intento.

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